EL MÚSCULO SENSIBLE
Sylvia Fernández
Encuentro Laban
(En conmemoración de su muerte)
Cenart 2008
El estatus del músculo sensorial es muy curioso. Así como existen palabras tales como “oír”, “gustar”, “oler”
para indicar la función de algún órgano sensorial, no existe ningún verbo para referirse a la función del órgano sensorial
del músculo. La pregunta que surge es “¿Qué comportamiento emerge de la sensación muscular?”
El órgano sensorial del músculo recibe el nombre de huso muscular, es una palabra que describe su forma. En realidad es un músculo miniatura; es sólo en el siglo XX que se detecta a través de un microscopio.
Unos años antes, a finales del siglo XIX, Sherrington determinó que existen en el músculo tanto señales nerviosas
centrípetas como centrífugas.
En otras palabras, que junto con aquellos estímulos electroquímicos que provocan la contracción –
un fenómeno descubierto siglos atrás– existen otros que no desembocan en el músculo, sino que surgen de él.
Si se plantea que salen señales nerviosas del músculo existe una sola posibilidad y es que el músculo está
dotado con un órgano sensorial.
Desde este momento la dicotomía sensación⁄movimiento se viene abajo. El músculo se descubre sensorial y motor
a la vez, lo que hace de él una excepción.
Ahora, es muy importante situar este descubrimiento en su contexto histórico.
El siglo XIX es extraordinariamente rico en estudios neurofisiológicos. Hoy en día cuando hablamos de unidad cuerpo⁄mente, de técnicas
psicosomáticas, etc…, de tantas cosas que se han pronunciado en este encuentro, somos deudores del siglo XIX. En particular es el siglo que derriba
la dicotomía sensación/movimiento, una dicotomía que hacía eco a aquella otra de muy larga tradición, la de sujeto/objeto y
su doble: la dicotomía activo⁄pasivo.
El ataque al racionalismo se concreta en la neurofisiología.
En ese siglo, se descubren las terminaciones espinales. Son las que dibujamos una y otra vez en nuestras clases de
anatomía: dividen el sistema nervioso en neuronas sensoriales y motoras, o lo que es lo mismo en flujo centrípeto
y centrífugo.
Este descubrimiento y esta topografia del sistema nervioso van a detonar una cascada de reflexiones en torno de las jerarquías del sistema nervioso.
Se debate, entre otras cosas si la esfera psíquica carece de, o al contrario, emerge de y se sustenta en un soporte
físico y por ende, si se puede traducir en mecanismo, en mecánica. Es cuando se concreta la idea del arco reflejo,
y se le coloca en el centro de la actividad nerviosa. Con ello, las “altas” esferas de la mente quedan completamente ligadas
con su estrato más
primitivo, salvaje, compulsivo, compartido por todos los vertebrados.
El siglo XIX establece la génesis de la inteligencia a partir de la conversión refleja de la sensación en acción.
Se inscribe en el interior de una filosofía de la vida preocupada por la unidad de lo vital y lo mental, así como por la evolución
de lo inferior a lo superior.
En 1833 aparecen las primeras obras que constituyen el fundamento de la teoría de la continuidad nerviosa;
un cuarto de siglo después aparece El origen de las especies. Y en el último año del siglo aparece La interpretación de los sueños, de Freud.
Arco reflejo
Terminaciones sensoriales y motoras del músculo.
En rojo señales que viajan desde la médula hasta la célula múscular.
En gris señales que viajan desde la terminación sensorial del huso –múculo miniatura en
el interior del haz múscular que lo abriga– hasta la médula.
Cuando un músculo se estrira produce un alargamiento del órgano sensorial que genera
una señal nerviosa, la cual a su vez va a detonar la contracción del músculo que lo abriga, promoviendo así
su tono óptimo y evitando su desgarramiento.
Lo que era digital –el hombre como una entidad discreta, separada de su entorno–, se convierte
en analógico: una forma que nunca acaba de transformarse que brota de un entorno siempre cambiante.
Lo mismo sucede con el cerebro, lo mismo sucede con la mente. Continuidad,
transformación y progresión son las características del flujo. Y el flujo va a desbordar la esfera de la neurofisiología
y derramarse en el mundo de la física y de los procesos mentales. Vida, cerebro y mente adquieren las características
del flujo, de lo analógico, de la representación de magnitudes continuas más no constantes.
Cuando atendemos el flujo, recorremos ciertas vías del pensamiento: enfatizamos la continuidad.
En el análisis del movimiento, cuando abrazamos la perspectiva de Laban sobre el movimiento, el flujo es fundamental.
Lo es desde tres enfoques:
1.– para Laban, la danza no es más que una forma adicional que se inserta en el continuo del movimiento cósmico que inicia con la
posibilidad de distinguir los polos de la expansión y la concentación.
2.– la gran aportación de Laban ha sido justamente rescatar el flujo para la descripción, la interpretación
y la comprensión del movimiento, en oposición a aquella que apela a una simple sucesión de posturas.
3.– al flujo, si bien lo considera como una cualidad dinámica, –junto con espacio, peso y tiempo– también le otorga un estatus primordial,
considerándolo como el origen que da lugar a la diferenciación del espacio, la gravedad y el tiempo.
Ahora, es Judith Kestenberg (alumna de Bartenieff y Warren Lamb –ellos a su vez alumnos de Laban–),
quien se va a concentrar en el flujo. Ella se pregunta qué
es lo que pasa entre los dos polos que constituyen el flujo, entre el polo del flujo libre y confinado y entre los polos de la
expansión y la concentración, o lo que es lo mismo entre el centro y la periferia. El tono muscular y la respiración son los
dos navíos del flujo.
En esta presentación nos vamos a concentrar en las transformaciones del flujo libre y confinado, que Kestenberg arraiga por un
lado en la musculatura y por otro en las zonas erógenas. Es decir implica una referencia neurofisiológica y
otra psicoanalítica, que rescata las etapas del desarrollo del tono muscular y su correlación con las etapas
del desarrollo mental y afectivo.
Un ejemplo de concentración y expansión.
Un ejemplo de flujo confinado.
Un ejemplo de flujo libre.
Representación esquemática del tono de una fibra muscular.
Se observan tres grupos de células musculares (en rojo, azul y naranja), cada uno de ellos alimentados por
señales nerviosas a intervalos diferentes. Cuanto mayor es la coincidencia más pronunciada es la
contracción. La intermitencia de la contracción asegura la pulsación del músculo y la producción
de ritmos diversos.
La unidad básica del tono muscular es la unión neuromuscular.
Los ritmos que distingue Kestenberg están ligados a las etapas psicosexuales que definió Freud.
La observación del movimiento la llevó a descubrir otras dos etapas, muy importantes justamente para asegurar
la continuidad en la modulación muscular. Una de ellas es
la etapa uretral, la otra es la etapa genital interno, o femenina. De esta manera, considera cinco etapas: oral, anal, uretral,
genital interno y externo.
Cada una de estas etapas exhibe ritmos innatos y específicos de la modulación muscular
–que aseguran los procesos vitales
de carga y descarga del organismo– los cuales van a ser sometidos a un control delimitado socialmente de los
esfínteres y la conversión de movimientos de tipo reflejo –y por ende involuntarios– a movimientos
voluntarios, que emanan de la corteza cerebral.
Estos ritmos promueven una experiencia de placer y displacer asociada con zonas particulares del cuerpo que adquieren representaciones
psíquicas
específicas del cuerpo que van a constituir la imagen corporal y un medio de vinculación con el otro y el
entorno.
Mayor superposición de la contracción de las distintas fibras musculares, lo que implica un tono más alto.
Menor superposición de la contracción de las distintas fibras musculares, lo que implica un tono más bajo.
Tensión del flujo
Laban decía del músculo que tiene la consistencia de la miel; como ella se puede volver líquida
y sólida.
La tensión del flujo es una aportación de Kestenberg. Representa la modulación de la contracción
y la relajación muscular. Esta toma en cuenta tres parámetros: la frecuencia, la intensidad y la transición.
Con este esquema se puede registrar el movimiento del tono muscular propio a cada etapa psicosexual, así como
aquel que constituye el movimiento más sutil presente
“por debajo” del movimiento voluntario y que es captado como “estado de ánimo”,
“emoción”, “temperamento”.
El flujo está íntimamente ligado con el tono muscular, el cual a su vez está
implicado en la conexión sensación/movimiento.
La relajación se define como un estado particular de tensión para una sensación y respuesta óptimas,
o en otras palabras por un tono óptimo.
También es importante distinguir la relajación del peso muerto, o lo que en la jerga Laban se llama peso pasivo.
y, por otro lado, importa entender que la relajación no es, estrictamente hablando, el opuesto de la contracción.
El opuesto de la contracción,
es el estiramiento o alargamiento. Y finalmente, el músculo que se estira es el músculo que siente,
es el músculo que activa el órgano sensorial del huso.
Es decir, cualquier contracción muscular lleva emparejada una sensación cuando el tono muscular es lo suficientemente flexible, maleable,
elástico, cuando puede ser perturbado. Es como una cuerda de violín que necesita estar lo suficientemente tensa para vibrar a distintas
frecuencias. Un buen tono desemboca en una multiplicación de la sensación,
por eso a veces es tan exigente y confrontante relajar.
Para terminar me importa mucho abordar la cuestión de la observación e interpretación de estos ritmos.
Kestenberg dice que “se basa en la respuesta cinestésica del observador quien produce una identificación en espejo con el sujeto
observado”. Se refiere a lo que comúnmente llamamos empatía.
Actualmente las investigaciones en neurofisiología conducen a la producción de una hipótesis
según la cual el cerebro humano (y también el de algunos monos y aves) contiene regiones capaces de activar respuestas fisiológicas
que intentan simular el estado interno de otra persona.
En este caso, no solamente estaríamos hablando de identificación sino también de imitación, simulacro:
producción de imágenes somatosensoriales correspondientes a estados internos ajenos. Es decir, el otro reverbera en mi ser, aun cuando no sea de modo consciente, y esto es lo que justamente me permite observar, analizar, comprender el movimiento.
El principio de incertidumbre declara que es imposible saber cualquier cosa acerca de algo en condiciones
de total aislamiento. La observación siempre es interacción.
Yo no soy capaz de ver lo que ve el otro, u oler, u oír. Sus ojos no son un espejo que refleja lo que tiene delante.
Lo mismo se puede decir de los otros sentidos: no reflejan la experiencia del otro. No tengo contacto con la retina, con la cóclea,
con las papilas gustativas... Tengo contacto –directo e inmanente– con la distorsión del tejido muscular del otro, si se crispa, si se dilata, si se sacude.
El músculo sí refleja la experiencia del otro. Es como un espejo. Y es en este espejo que se elabora el Perfil de Movimiento de Kestenberg.
Un ejemplo de movimiento que exhibe flujo confinado de media intensidad y constante –que simula un cierto “estado de
ecuanimidad”.
Peso pasivo al inicio, seguido de secuencias de movimiento caracterizadas
por el flujo confinado de alta intensidad muy fluctuante y transiciones abruptas –que simula un cierto “estado de pasión
desesperada”.
Flujo libre de alta intensidad –que simula un cierto “desmayo”–
hasta ponerse de pie, cuando empieza a aumentar
grado de contracción y exhibe una “voluntad” creciente.
En la periferia del círculo: flujo confinado de alta intensidad y transiciones abruptas.–que simula “un estado severo”.
Dando vueltas alrededor del centro: peso pasivo y flujo libre y fluctuante de alta intensidad –que simula “un estado de ebriedad”.
Referencias.